MI AMIGO JACK (fragmento)

 

GUILLERMO E. HUDSON.

 

Mi amigo Jack es un perdiguero muy negro, muy enrulado, de formas perfectas; pero sólo es un perdiguero, y realmente no es mi amigo, sólo que él lo cree así, y entonces es lo mismo.

            Está tan convencido de que yo soy su guía, su protector y verdadero amo, que si tuviera que darle una seria reprimenda, o aún castigarlo, él pensaría que todo está bien y seguiría igual. Su manera de demostrarlo es haciéndome compañía, lo quiera o no yo…

…Yo no soy muy afecto a los perros, y menos un canófilo.  Los perros puramente parásitos o falderos despiertan mi compasión; pero a los perros sueltos, vigorosos, los temo y los esquivo, pues no armonizamos. Por lo tanto, sufro y soy el perdedor cuando Jack me obliga a aceptar su compañía.

           El mundo en que yo vivo, al aire libre, no es aquel en el que un hombre anda pensando en tener un perro que lo salve de la soledad, o si tiene un rifle, que lo ayude a matar algo. El mío es un mundo con rumores, con gritos distantes, llamados penetrantes y suaves, misteriosas notas como de insectos o de cuervos, de sapos croando y de saltamontes murmurando, y sonidos como el del viento en el juncal. Hay, además, dulces y bellos cantos, pero es un  mundo tranquilo, donde los seres se mueven con sigilo, sobre alas, sobre escalas enceradas, sobre pies calzados con suavidad. Conejos, zorros, comadrejas, ratas, pájaros, víboras y lentos gusanos, y también escarabajos y libélulas son enemigos entre sí, pero debido a su calma, no hay conmoción, ni un grito extemporáneo, ni corridas para ocultarse; al haber adquirido sus hábitos yo puedo observarlos y estar con ellos. El pájaro en su rama, el conejo jugueteando, la víbora asoleándose. A ellos casi no los inquieta mi presencia,…

           …¡Piense en un perro en este mundo, intoxicado por los olores de tantos seres salvajes, que se precipita y chapotea a través de los pantanos y matorrales! Es diez veces peor que un toro en un negocio de porcelanas; éste sólo puede romper una cantidad de objetos hechos de arcilla cocida; el perro introduce un pánico loco en el mundo de seres vivos, que es un reino de hadas de exquisita belleza. Se dispersan y desaparecen en sus escondrijos como si un soplo de muerte hubiera llegado a la tierra y barriera con su existencia. Sólo los pájaros se quedan -ellos pueden volar y no temen por sus vidas-, pero permanecen en un estado de intensa ansiedad por sus huevos y su cría, entre las matas por la cuales él se precipita o explora…

…Unos días más tarde, algo curioso aconteció. Jack fue descubierto una mañana en su casilla y cuando se le habló, salió, o más bien se arrastró, hacia afuera, en el más lamentable estado. Horriblemente magullado y todo llagado, sus huesos parecían rotos, estaba rengo y casi no se tenía en pie; permaneció en este estado lamentable por unos tres días.

 

   Primero pensamos que habría participado en una gran pelea -su amo decía que tenía esas inclinaciones- pero no podíamos descubrir dentellada ni herida alguna, sólo magulladuras. Quizá, decíamos, habría caído en manos de alguna persona cruel de una de las granjas de los brezales distantes, que luego de atacarlo y castigarlo con un fuerte palo lo hubiese soltado para que muriese en el páramo o se arrastrase de vuelta. Su amo se enojó tanto por eso que no hablamos más del asunto. Pero Jack era un perro asombrosamente resistente, creo que todo cartílagos, y después de estar tres días acostado, casi muerto, se recuperó con rapidez; aunque creo que si sus magulladuras hubiesen estado repartidas entre una media docena de perros regalones y falderos, los habrían matado a todos. Llegó una mañana en que la casilla se encontraba vacía; Jack no estaba muerto, se hallaba de nuevo bien y, como de costumbre, se había ido… …Un día,… …vi a Jack parado en el borde de un precipicio de unos setenta y cinco pies de alto; Jack me vio, agitó su cola y se lanzó rectamente hacia mí. Desde arriba se veía la borrosa huella de un conejo que bajaba hasta unos veinticuatro pies de la tierra, lo demás era un muro de piedra, a pico; al seguirlo se lanzó más y más ligero hasta que llegó al final de la huella y perdiendo pie se precipitó a tierra, pero, por suerte, cayó sobre un césped esponjoso y no se lastimó. Después de observar su acto temerario comprendí por qué había regresado tan magullado y maltrecho en la ocasión anterior. Se habría -sin duda- caído de algún acantilado y casi matado entre las rocas. ¡Pero la lección era inútil, Jack lo repetiría allí donde fuese y hallase conejos y zorros!…

   …Era difícil dejar a Jack, que se había puesto de manera tan incondicional en mis manos y tanto había confiado, implícitamente, en mí. Pero, el tiempo seguía malo ¿había habido otro junio tal como este de 1907? ¡Tan lluvioso, frío, ventoso!… …y temprano, en la mañana, con todas mis pertenencias a mi espalda, me deslicé con sigilo, con miradas aprensivas en dirección a la casilla y hacia el ventoso camino.

               Era doloroso para mí fugar de ese modo, me hacía sentir despreciable, pero si Jack pudiese leer esto y pudiese expresarse, pienso que convendría conmigo en que esta manera de quebrar nuestra unión era la mejor para ambos. Yo no era la persona o perro sobre dos patas que él creía que era: un ser con el secreto deseo de matar seres. Yo actuaba en consonancia con mis pobres luces. Nada, por lo tanto, queda por ser dicho excepto esas únicas palabras que no era conveniente musitar en la ventosa mañana de mi partida: ¡Adiós, Jack!  

 

 

A pie por Inglaterra (1909)


     

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Extraído de: "Páginas Luminosas"/ Guillermo Enrique Hudson; traducción de Violeta Shinya; selección y prólogo: Haydée M. Jofre Barroso. 4ª ed., Buenos Aires: Ediciones Orión, 1986. 205 pp. 20  x  14 cm (Colección Tobogán; Poldy Bird, Dir.) 

 

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