LA ESPÁTULA ROSADA Y LA NUBE.
(Un niño perdido-cap. 2)
(Fragmento)
GUILLERMO E. HUDSON.
|
Martín va sumando años y ganando fuerzas; su edad frisa ahora los siete años… …Con el tiempo descubrió que el agua del arroyo corría continuamente, alejándose… …¿Hacia dónde se dirigía esta agua cantarina y apurada? El estaba deseoso de hallar la repuesta… …Así llegó a un gran lago del cual apenas lograba distinguir el otro lado, tan ancho era. . . era un lugar sorprendente, poblado de pájaros; no seres pequeños y neurasténicos que revoloteaban entre los juncos, sino pájaros, grandes y majestuosos, que le prestaban muy poca atención… …Arrojando a un lado sus zapatos, con un grito jubiloso se tiró al agua asustando a unas bandurrias;… ...Al momento, cuál no sería la sorpresa de Martín al escuchar su propio grito y el coro de já, já, jáes, repetido por cientos de voces por todo el lago… …Cuando llegó a su casa y contó su sorprendente experiencia, aprendió de su padre que las voces que él había escuchado eran tan sólo los ecos que provenían del lecho de las matas… …Cada día él llevaba hasta la laguna, algún elemento que produjese ruido para sorprender el eco. Un pito que su padre le fabricó, le sirvió por un tiempo; después de eso, recorría las orillas sacudiendo una lata llena de cantos rodados; otra vez, sacó de la cocina una sartén bien grande y la golpeaba con un palo, esta forma la utilizó por casi una quincena. Cuando se hubo cansado de todos estos ruidos y se lo pasaba explorando para encontrar una nueva forma de despertar al eco, súbitamente, recordó que su padre tenía una escopeta, y eso era justamente lo que él quería, pues era la cosa más ruidosa del mundo. Aguardando la oportunidad, penetró secretamente a la habitación donde la escopeta se guardaba cargada, y retirándola con sigilo, se alejó de la casa sin ser visto; entonces, gozoso, corrió tan rápidamente como se lo permitía la pesada carga hacia el lugar de su guarida favorita. Cuando llegó a la laguna, tres o cuatro espátulas rosadas -esos hermosos pájaros altos y rosados- estaban quietos en la orilla sesteando bajo el fuerte sol. Ellos no volaron, pues ya estaban acostumbradísimos a la presencia de Martín y sus ruidos inocuos, y no le prestaron ninguna atención. El puso una rodilla en tierra y les apuntó con su escopeta: -Ahora pajarillos no saben ustedes qué susto les voy a proporcionar, ¡ea, a volar! -fue su exclamación a la vez que apretaba el gatillo. El rugido del atronador estruendo viajó por toda la laguna produciendo una gran conmoción entre los alados habitantes, quienes levantaron vuelo en medio de un griterío general. Todo esto no benefició en absoluto a Martín, pues el retroceso del arma lo había tirado fuertemente para atrás levantándolo del suelo y, antes de que pudiese recobrarse, los ecos habían cesado |
y ya regresaban todos los pájaros asustados a asentarse en las aguas. Pero ahí, frente mismo a él, yacía uno de los pájaros espátula, agitando sus grandes alas rosadas contra el suelo. Martín corrió hasta él con desesperación, pero era impotente para auxiliarlo; el pájaro se estaba desangrando por las heridas que le causara el arma en uno de sus costados, tiñendo de rojo el pasto. En ese momento, cerró sus bellos ojos color rubí y el aleteo cesó. Martín se sentó a su lado y comenzó a llorar… …- ¡Oh, pájaro querido, sollozó, abre tus alas y aléjate volando! ¡Pero estaba muerto! Martín se levantó, clavó sus ojos en el paisaje que lo rodeaba y todo le pareció distinto, apagado y triste. Una sombra cruzó sobre el agua y se levantó desde los matorrales un murmullo que parecía una voz diciendo algo que él no comprendía. Al momento, una gran pena nació en su corazón y llegó como un susurro hasta sus labios; el temor lo redujo al silencio. Volvió a sentarse en el suelo, escondió su rostro en el rosado pecho del pájaro y comenzó a sollozar. ¡Qué tibieza comunicaba el pájaro muerto a su mejilla! ... empero, con tanta tibieza, ya no podía vivir y volar como los otros. Al transcurrir las horas se enderezó y comprendió la causa del cambio sufrido en la tierra. Una nube negra venía desde el sudoeste, estaba todavía muy lejos, cerca del horizonte, pero su franja ya alcanzaba al sol y lo oscurecía poniendo frente a él una larga sombra. Esa gran sombra se proyectaba sobre la laguna; sus aguas parecían frías e inmóviles, reflejando como en un espejo pulido las quietas matas, la verde orilla y a Martín sentado sobre ella, abrazando al pájaro rosado ya muerto. Con rapidez y extendiéndose llegó la gran nube, tras la sombra, variando de negro a gris pizarra; luego, como el sol lograra traspasarla, todo se iluminó con reflejos rosados. Fue algo extraordinario cuando la nube cubrió un tercio de la superficie del cielo, tocando casi el horizonte de ambos lados con sus alados extremos; Martín lo observaba con detención y creyó que tenía la forma de un gran pájaro espátula rosado, que volaba por el aire. El, en ese momento, podría haberse ido a esconder, y lo habría hecho de buena gana, pero no osó moverse, pues estaba justamente sobre su cabeza, de modo que se echó de bruces sobre el suelo junto al pájaro muerto y aguardó temeroso y temblando. El oyó el creciente ruido de su vuelo poderoso, y el viento que producía levantaba las aguas como un huracán, de modo que los juncos fueron doblados sobre la superficie y todos los pájaros salvajes lanzaron un grito de terror. Pasó, y cuando Martín se atrevió a levantar su cabeza y miró de nuevo, el sol, que ya estaba sobre el horizonte, brilló de nuevo enviando un rayo de luz sobre la tierra y el agua, mientras a lo lejos, en el otro extremo de los cielos el pájaro-nube se perdía desvaneciéndose rápidamente. |
|
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Extraído de: "Un niño perdido"/ Guillermo Enrique Hudson; traducción y prólogo de Violeta Gladys Shinya, ilustraciones y tapa de Rodolfo Ramos. 2a. reimpresión. Buenos Aires: ACME, 1985. 171 pp.: il. 19,5 x 13 cm (Colección Robin Hood; 198)
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------