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CALANDRIA REAL
(Mimus triurus)*
Arriba gris, rabadilla parda; debajo gris claro; alas negras cruzadas por una ancha banda blanca; cola blanca, excepto las dos plumas medias que son negras; pico y patas negros; ojos amarillo-anaranjados; longitud 24 centímetros [1].
Hace
un siglo Azara se encontró por primera vez en Paraguay con esta reina de las
Calandrias; la llamó Calandria de las tres colas, y describió el
plumaje con precisión, pero pienso que estaba equivocado sobre el color de los
ojos, el cual es rojo-anaranjado y no verde-oliva. Dice que es una especie rara,
que no posee notas melodiosas, lo cual prueba, en seguida, que nunca la oyó
cantar. D´Orbigny la obtuvo en Bolivia, Bridges en Mendoza, y más
recientemente ha sido hallada por los coleccionistas en varias partes de la
Argentina, incluso en Buenos Aires en donde, sin embargo, probablemente sólo
sea un visitante ocasional [2].
Pero no han relatado nada de su canto ni de sus milagrosos poderes de imitación.
Por mi parte no puedo pensar en otra manera de describir la excelencia superior
de su melodía, la cual deleita al alma más allá de todo otro pájaro cantor,
sino diciendo que este pájaro es, entre las aves cantoras, como el diamante
entre las piedras, el que en su multicolorido esplendor representa y excede la
belleza especial de cualquier otra gema.
Me
encontré con esta especie en el Río Negro, Patagonia; allí se la llamaba Calandria
blanca, un nombre no estrictamente exacto, ya que el pájaro no es del todo
blanco, pero ciertamente mejor que la extraña invención de Azara de
"Calandria de tres colas."
El ave no era común en Patagonia, y su única voz era una nota muy fuerte, áspera y asustada, pareciéndose en eso a la Calandria común [3]. Pero había pasado la época de reproducción cuando me encontré con ella por primera vez, y todos los nativos me aseguraron que poseía un canto muy maravilloso, superando al de todos los otros pájaros, y que también poseía la facultad de imitar a otras especies. En sus costumbres y apariencia me sorprendió el que fuera absolutamente diferente a un Mimus; en su vuelo y en el notable blanco y negro de alas y cola se parece a un Tiránido del grupo de los Tænioptera. Es sumamente tímida, posee un vuelo veloz, simple y poderoso; y cuando alguien se le acerca sube a mucha altura en el aire y vuela lejos a una gran distancia. En febrero desaparece del Río Negro y no vuelve hasta el siguiente mes de octubre, después de la llegada de todos los otros migrantes. Fue entonces que nunca me olvidaré de la sensación que experimenté al escuchar su melodía sin igual.
Una mañana luminosa, mientras atravesaba un bosquecito de chañar, mi atención de repente fue atraída por las notas emitidas desde un bosquecillo cercano. Las escuché con asombroso deleite, y me parecieron tan inmensamente superiores en melodía, fuerza y variedad a todas las otras músicas de pájaros. No se me ocurrió que fuera el canto de un Mimus; ya que la música llegaba a mí en un torrente continuo, hasta que me maravillé de que la garganta de algún pájaro pudiera sostener un canto tan poderoso y variado durante tanto tiempo. Ni una vez se degradó en los ásperos gritos, fantásticos vuelos y chillonas bufonerías introducidas con tanta frecuencia por la Calandria común, sino que cada nota estaba en armonía con las demás, y era proferida con una rapidez y alegre desenfreno del cual ningún otro pájaro es capaz, excepto, quizás, la Alondra; mientras la pureza de los sonidos daba a toda la actuación algo del carácter arrebatado y etéreo del canto de la citada Alondra cuando llega al oyente desde una gran altura en el aire.
Al poco rato este flujo de música exquisita y desconocida cesó, mientras aún permanecía parado entre los árboles, no osando moverme por miedo de asustar de lejos al extraño vocalista. Después de un corto intervalo de silencio tuve una nueva sorpresa. Del mismo punto de donde se había emitido ese torrente de melodía, estalló el canto chillón, confuso e impetuoso del Rabicano (Stigmatura flavocinerea) [4]. Me irritó oír este canto familiar y trivial después del otro, y empecé a temer que mi anfitrión hubiera volado lejos sin ser visto. Pero en otro momento, del mismo punto, llegó el melodioso canto matutino de la Diuca [5], el cual fue rápidamente sucedido por el sonido parecido a una campanilla de plata del Churrinche o Pequeño Tiránido Escarlata [6]. Entonces fue seguido por muchas otras notas y sonidos familiares -el llamado vespertino como de flauta de la Martineta [7], el alegre y apresurado gorjeo del Cabecita negra [8], y las pausadas y deliciosas melodías del Cardenal Amarillo [9], todos repetidos con milagrosa fidelidad. ¡Cuánto aumentó mi admiración y sorpresa por el descubrimiento de que mi único y dulce cantor había producido todas estas melodías diversas! El hallazgo sólo fue hecho cuando comenzó a repetir cantos de especies que nunca visitan Patagonia. Supe entonces que estaba escuchando por fin a la famosa Calandria blanca, la cual acababa de regresar de sus viajes invernales, y repetía en esta región del sur las notas que había adquirido en los bosques subtropicales, a mil millas de distancia [10].
Estas
imitaciones al fin cesaron, tras lo cual el dulce vocalista reanudó una vez más
su propio canto sin igual. Después me aventuré a arrastrarme un poco más
cerca, y lo pude observar apenas a quince metros de distancia. Me dí cuenta
entonces que el placer de escuchar su melodía se intensificó cuando pude ver
al ave al mismo tiempo, tan extasiada parecía con su arrebato mientras cantaba,
tantos y tan bonitos eran los gestos y movimientos con los que acompañaba las
notas. Circulaba continuamente de arbusto a arbusto, posándose apenas en sus
cimas, dejándose caer a veces bajo el follaje; después, a intervalos, volando
a una altura de treinta metros [11]
sobre el bosquecillo, con un vuelo lento como el de una Garza, o elevándose de
repente con un salvaje y apresurado movimiento de zigzag; entonces descendía
lentamente dando vueltas, posándose con la cola abierta y
extendiendo las anchas alas blancas brillantes, o moviéndolas lentamente de
arriba hacia abajo, como las alas de alguna gran mariposa -algo muy hermoso de
ver.
Cuando por primera vez oí cantar a este pájaro me sentí convencido de que ningún otro cantor emplumado en el globo pudiera compararse con él; pues además de la facultad de reproducir los cantos de otras especies, que posee en común con la Calandria de Virginia, tiene un canto propio, creo sin igual. Y esta creencia fue confirmada cuando, poco después de oírlo, visité Inglaterra y encontré de cuánto menor valor que este pájaro patagónico -al que ningún poeta ha alabado alguna vez-, eran los más dulces de los afamados melodistas del Viejo Mundo.
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Traducción, foto y notas: Marcelo Montenegro, “Museo Histórico Provincial Guillermo E. Hudson”.
Fuente: Birds of La Plata/ by W. H. Hudson; with a note by R. B. Cunninghame Graham. London/ New York, J. M. Dent & Sons/ E. P. Dutton & Co; 1923. 405 pp. (The collected works of W. H. Hudson)
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[1] En el original: … longitud 9,5 pulgadas.
[2] En la provincia de Buenos Aires habita los bosques de caldenes y estepas arbustivas del sur; siendo un visitante invernal del resto de la provincia, en especial de los bosques de talas del centro-norte.
[3] Mimus saturninus.
[4] Stigmatura budytoides. También llamada calandrita. En el original: the small Yellow-and-Grey Patagonian Flycatcher.
[5] Diuca diuca. En el original: Diuca Finch.
[6] Pyrocephalus rubinus.
[7] En el original: Crested Tinamu.
[8] Carduelis magellanica.
[9] Gubernatrix cristata.
[10] Aquí Hudson no aclara si se trata de millas terrestres o millas marinas. La primera equivale a 1609 metros, mientras que la segunda equivale a 1852 metros.
[11] En el original: …volando a una altura de cien pies.