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HUDSON Y LA NATURALEZA.

 

"Nunca intimé con él, pero siempre le tuve un real afecto. El secreto de su encanto como hombre y como escritor queda impenetrable para mí, algo sobrenatural. Era un producto de la Naturaleza y tenía algo de su fascinación y su misterio".

Joseph Conrad

"De todos los escritores que recuerdo, Hudson es el que más se acerca a la Naturaleza. Era en sí la Naturaleza personificada."

Robert B. Cunninghame Graham    

 

    Hudson es el primer ornitólogo argentino. Ya desde muy joven permanecía absorto en la contemplación del mundo natural, especialmente observando a los pájaros. Tal es así que su madre llegó a preocuparse. Pero con el tiempo se convertiría en uno de los más grandes naturalistas de su tiempo, así como en un pionero del movimiento conservacionista.

 

    Un aspecto menos conocido del escritor es la profunda comunión que existía para él entre Naturaleza y religión. Leemos en "La Tierra Purpúrea": "...Galopamos velozmente por espacio de una legua o algo más; luego, en la falda de la Cuchilla, nos detuvimos para dar un respiro a nuestros caballos y, desmontando, nos volvimos a contemplar un rato el amplio paisaje que se tendía ante nosotros... ...Sobre todo ello reinaba un profundo silencio; hasta que, súbitamente, una bandada de oropéndolas coloreadas de naranja y fuego y con las alas negras, se abatió sobre un montón de arbustos muy cercanos y derramó un torrente de música salvaje y gozosa. ¡Extraño concierto! una gritería de notas que parecían gritar de jubilosa alegría a un cielo que las escuchaba, y notas abruptas y guturales, que se mezclaban con otras más claras y estremecedoras que las que nunca sacaron labios humanos del metal o de la madera. Pronto terminó; se alzaron los vocalistas como una fuente de fuego y se alejaron volando hacia sus nidos entre las colinas, y el silencio reinó de nuevo. ¡Qué brillantes matices, qué alegre música fantástica! ¿Eran de veras pájaros, o eran los felices habitantes alados de una región mística parecida a la tierra, pero más dulce que la tierra y nunca visitada por la muerte, sobre cuyo umbral yo había tropezado? Entonces, mientras que la última rica inundación de luz solar llegaba a la tierra desde aquella eterna urna roja que descansaba sobre el lejano horizonte, yo hubiera podido, de estar solo, haberme arrojado al suelo para adorar al gran Dios de la naturaleza, que me había dado ese precioso momento de vida. Pues aquí la religión, que languidece en las ciudades atestadas, o que se escabulle con el rostro avergonzado para esconderse en sombrías iglesias, florece grandiosamente, llenando el alma de una alegría solemne. Cara a cara con la naturaleza sobre las vastas colinas a la caída de la noche, ¿quién no se siente cerca del Invisible?..." (*)

 

    Se llamaba asimismo un ateo religioso, ya que adoraba a los múltiples "espíritus" o "esencias" de la Naturaleza. Esta es una de las razones por las cuales existe afinidad entre el pensamiento sintoísta del pueblo japonés y los escritos hudsonianos.

 

 

   Alguna vez escribió: "...El cielo azul, la tierra castaña debajo de él, el pasto, los árboles, los animales, el viento, y la lluvia y las estrellas nunca me son ajenos; porque soy uno con ellos; y mi carne y la tierra son uno, y uno son el calor en mi sangre y la luz del sol, y una sola unidad son mis pasiones con los vientos y las tempestades..."

Días de Hampshire, 1903

 

"...Apenas será supuesto o esperanzado que la posteridad se sentirá satisfecha con nuestras monografías de especies extintas, y los pocos huesos desmenuzados y plumas marchitas, los cuales ojalá puedan sobrevivir, posiblemente, la mitad de una docena de centurias en algún afortunado lugar de museo. Al contrario, dichos recuerdos tristes sólo servirán para lamentar su pérdida; y si nos recuerdan en absoluto, será sólo para aborrecer nuestra memoria y nuestra era, esta era iluminada, científica y humanitaria, que debería tener por lema "Matemos todas las cosas nobles y bellas, pues mañana moriremos."

Un naturalista en el Plata, 1892

 

 

(*) La Tierra Purpúrea-Allá lejos y hace tiempo/ Guillermo Enrique Hudson; traducciones de Idea Vilariño y Jaime Rest, prólogo y cronología de Jean Franco. Caracas, Venezuela: 1980. XIV, 620 pp. 22,9  x  15,6  cm (Biblioteca Ayacucho)

 

AVES RIOPLATENSES.